
Cuando hace más de cuarenta años se estrenó en los cines Agente 007 contra el Dr- No, nadie pensó, o muy pocos lo hicieron, que iba a ser la primera entrega de una serie que se ha prolongado hasta nuestros días y que su personaje central, el agente secreto James Bond, iba a convertirse en un mito analizado desde mil puntos de vista, odiado y criticado y, en suma, objeto de una desmesurada popularidad. Mucho se ha escrito sobre la primera adaptación de la obra de Ian Fleming para el cine: ese fue el punto de partida para un actor desconocido, el despegue de una de las más largas series de la historia cinematográfica y el de la aparición del bikini blanco más famoso del mundo del celuloide. Lo cierto es que la fabulosa historia de 007 se debe a una de esas curiosas combinaciones de predestinación y casualidad de las que la historia del cine ofrece un muestrario inacabable.
Tras una serie de extraños asesinatos de agentes secretos británico y de la CIA en Kingston, Jamaica, el gobierno británico decide enviar a su mejor hombre para resolver la situación. La misión de 007 consiste en descubrir a los causantes de los crimenes y localizar una estación de radar y telecomunicaciones con una potencia capaz de desviar de su objetivo cualquier cohete lanzado desde Estados Unidos o la Unión Soviética. A su llegada a Kingston, James Bond se encuentra los primeros obstáculos: sufre varios atentados contra su vida, entre ellos el ataque de una tarántula venenosa, y ha de sortear el cebo de una fascinante oriental, Miss Taro. Sus primeras indagaciones le llegan a sospechar del profesor Dent, un afamado geólogo que posee un importante laboratorio de investigaciones. Las actividades de Dent y sus continuas contradicciones le llevan a sospechar que algo extraño ocurre en Crab Key, una isla propiedad de un extraño personaje chino que se hace llamar Dr. No (Joseph Wiseman).
El modus operandi del doctor No era puro Fu Manchú cruzado con el profesor Moriarty y Ming el Implacable. Pero su fortaleza insular, dotada de todos los adelantos tecnológicos, y sus secuaces, una guarnición de esbirros de una eficacia temible, eran simbolos de la era atómica.Con la ayuda de su fiel compañero Felix Leiter y de Quarrel, un nativo jamaicano que afirma que la isla está embrujada y protegida por un dragón, el agente 007 se decide a investigar el lugar. Al llegar a sus costas descubre a Honey Ryder (Ursula Andress), una bella pescadora de conchas que le ayudará en su busqueda. Sorprendidos por una lancha patrullera del doctor No, deciden huir por la selva, siendo perseguidos y finalmente acorralados por el temible dragón, que resulta ser un tanque oruga pintado y decorado como una temible fiera para alejar a los intrusos. Quarrel cae abatido bajo las llamas lanzadas por el tanque mientras 007 y Honey son capturados y conducidos a la fortaleza del villano, quien les recibe con una extraña cordialidad.


Ursula Andress sólo acepto el papel de Honey Ryder porque quería viajar a Jamaica. Leyó el guión en una fiesta, junto a Kirk Douglas, y más tarde recordó que los presentes opinaron que esa película iba a provocar risa de puro mala.
El Dr. No le explica a James Bond sus planes: desviar la trayectoria de un cohete lanzado desde Cabo Cañaveral para que el mundo compruebe su poder y acceda a sus peticiones, que no son otras que dominarlo. Contra lo que pudiera parecer al principio, no trabaja para la Unión Soviética, país al que también odia, sino para una temible organización denominada S.P.E.C.T.R.A. (Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Revelión y Aniquilamiento). 007 y Honey logran desactivar sus instalaciones y eliminar la amenaza radiactiva, así como destruir el laboratorio. Ambos escapan en una lancha motora segundos antes de que la isla explote.


