Desde Rusia con Amor ( 1964 )

El éxito que iba a convertir a James Bond en un hito de la industria cinematográfica no se produjo hasta el segundo título de la serie. Realizada con muchos más medios, con exteriores en Venecia y Estambul, con dos villanos antológicos y con una rubia Daniela Bianchi como oponente de un 007 más irónico que en su primer film, Desde Rusia con Amor resultó para muchos la mejor entrega de la serie. Su impacto mundial fue extraordinario.


James Bond recibe la orden de ayudar a Tatiana Romanova (Daniela Bianchi), que desea abandonar su trabajo en la embajada soviética en Estambul, y llevarse con ella una valiosa máquina descifradora de claves: Lektor. Lo que ambos desconocen es que en realidad son víctimas de un ingenioso plan urdido por la organización SPECTRA para acabar con 007 de forma especialmente humillante, y así vengar la muerte del Dr. No (recordemos
que nuestro heroe, demostrando muy poca educación, había provocado su caida en un reactor nuclear). No obstante, la jugada tiene una segunda parte aún más ambiciosa: desarticular simultaneamente los servicios secretos de Gran Bretaña y la URSS.


Bond roba el decodificador con la ayuda de la bella agente rusa, que cree obedecer ordenes del Kremlin. En Estambul, el agente Kerim Bey (Pedro Armendáriz) es asesinado cuando intenta ayudar a 007, que, junto a Tatiana, huye hacia occidente en el Orient Express.

La agente de SPECTRA, Rosa Klebb pone a prueba a una gran esbirro de la organización, Red Grant

En el tren se enfrenta al cruel asesino Red Grant (Robert Shaw), sufre el ataque de un helicóptero y al llegar a Venecia, en el acto final de la película se enfrenta con el cerebro de la organización crminal, Rosa Klebb, que intenta acabar con él utilizando los estiletes envenenados que oculta en sus zapatos gracias a un ingenioso mecanismo que bien había podido idear el bueno de "Q".



Cuando el mundo podía dividirse en dos bandos y la "guerra fría" acaparaba los titulares de los periódicos, un personaje literario de singular trascendencia daba sus primeros pasos en las páginas de una novela titulada Casino Royal. Su autor, Ian Fleming, le bautizó con el nombre de James Bond, pero su denominación clave es 007, agente especial al servicio secreto de Su Majestad Británica con "licencia para matar". El cine no podía dejar escapar tan jugoso material, y de la mano de un avispado productor llamado Albert R. Broccoli nació el personaje cinematográfico más importante de las últimas décadas, un nuevo heroe que con el paso del tiempo ha llegado a convertirse en un fenómeno sociológico sin precedentes en la historia del celuloide.

Sean Connery, el primer James Bond, el más genuino, aportó al superagente una inquietante sofisticación y un sádico refinamiento en el arte de amar y matar. Su influencia en los años sesenta llegó a convulsionar al mundo. Tras el abandono de Connery, 007 navegó durante varios años a la deriva, hasta que los productores lograron encontrarle un nuevo cuerpo en el que reencarnarse: Roger Moore, un vehículo bastante aceptable aunque menos lujoso que el anterior. El nuevo agente con "licencia para matar" dio un giro irónico y disparatado al personaje y acertó, apostando por un tipo de aventuras a medio camino entre la comedia y la ciencia ficción. La fórmula funcionó al principio y las taquillas volvieron a aportar suculentos dividendos a los padres de la criatura. Pero el cambio degeneró en una parodia de si mismo, en un heroe descafeinado que se escudaba en hazañas circenses y en un aparatoso despliegue de efectos especiales para disimular el progresivo acartonamiento de Roger Moore. A mediados de los ochenta, los productores decidieron remontar el espíritu de antaño y pasaron a Timothy Dalton el testigo. La serie recupró parte e su frescura original pero no pudo remontar el vuelo. En los noventa, le tocó el turno a Pierce Brosnan, quien se enfrentó a la dificil tarea de devolver al mito algo de su charme original, lo consiguió pero no cosechó los éxitos esperados. Y entrando en el siglo XXI, el actor Daniel Craig pretende emular a sus antecesores, principalmente a Connery y parece que lo está consiguiendo. El futuro de 007 se presenta cuanto menos incierto, aunque como los millonarios con pedigree, el heroe más carismático de las últimas décadas puede permitirse el lujo de vivir de las rentas.